viernes, 26 de octubre de 2012

Halloween II: Jack el Tacaño o Porqué se usan calabazas en Halloween.


Cuando era niña tuve una colección de libros (Dime)a la que tenía especial cariño. En concreto a uno de ellos, que estaba desgastado y un poco deslucido por el uso. Se llamaba “Dime Por qué”. No era la respuesta a todas las preguntas que se me ocurrían, pero leyéndolo conseguía saciar mi curiosidad en muchas ocasiones.
De aquella época me quedó la costumbre de preguntar a mi alrededor aquello que suponía una duda. Y aún hoy lo hago (aunque provoque en mi entorno un aluvión de carcajadas. ¿Nunca os preguntasteis si los caballos pueden llorar? Yo sí. Aún me lo recuerdan). Bueno, divagaciones aparte, cuando comencé a pensar en la simbología de Halloween me surgió la duda. 

¿Por qué se usan calabazas en esta fiesta? 


Pensé que la respuesta que me iba a encontrar era la más probable: porque en esta época abundan, y en algún momento de una recolección excesiva a alguien se le ocurrió la feliz idea. Error. ¡Me encontré con una leyenda! Os presento a Stingy Jack o Jack el Tacaño

Cuenta la leyenda que en Irlanda existió un hombre tacaño, borracho, bravucón y taimado. De hecho, tal era su fama, que llegó a oídos del Diablo, quien quiso conocer en primera persona a este perverso ser porque le pareció un alma interesante que llevarse al Infierno. Con ese propósito se acercó a la taberna que frecuentaba Jack, “El tacaño”. 

Muy pronto el Diablo se daría cuenta de lo acertado de su apodo. 
Bebieron sin medida, y a la hora de pagar las rondas, el avaro Jack retó al Diablo para que tomara la forma de una moneda y, así, a cambio de su alma poder costearse la bebida. 
Cuando el Señor del Infierno se tornó en moneda, el astuto bebedor lo encerró en su cartera, que oportunamente tenía bordada una gran cruz, consiguiendo de esta manera que el Diablo tuviera que negociar con él para salir de allí. En los próximos diez años no buscaría su alma. Ese fue el trato. 

Al pasar el decenio convenido, el Diablo volvió para apropiarse de aquello que consideraba suyo: el alma del malvado Jack. Sin embargo, cuando se encontraron de nuevo, el avispado mortal le suplicó un último deseo. Comer una manzana. No viendo peligro alguno en esta acción, accedió a recogerla él mismo del árbol que tenían justo al lado. Y Jack volvió a engañarlo. Tan pronto el Diablo subió por el tronco, talló una cruz en el mismo, logrando de nuevo salvar su alma del fuego del averno, y esta vez eternamente. 
Sin embargo, cuando llegó la hora de su muerte, el alma ladina de Jack no pudo entrar al cielo. Tampoco encontró lugar en el Infierno, y según lo acordado con el Diablo, éste lo expulsó de allí junto con un tizón ardiente que el astuto Jack, introdujo en la carcasa de un nabo para que le sirviera de candil mientras vagase por las tinieblas.
Por eso su alma viaja condenada y errante por la oscuridad esperando cada año la Víspera de Todos los Santos, el momento de volver al mundo de los vivos, para ofrecerles un trato o un truco. 

Esta leyenda llegó a Estados Unidos al comienzo del s.XIX, junto con los inmigrantes irlandeses que huían de la Gran Hambruna. Éstos continuaron con sus costumbres, pero modificaron la práctica de vaciar los nabos y rellenarlos con una vela, ya que descubrieron que hacerlo en las calabazas era más rápido, sencillo y tenía un resultado mucho más espectacular. 



4 comentarios:

  1. Otra cosa que no sabía, y mira que siempre me lo había preguntado! Me están siendo muy ilustrativas estas entradas, 1beso!

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  2. Curioso, ¿verdad? Y yo que pensaba que era una fiesta relativamente nueva, importada y con simbología extraña. Qué sorpresa. Todo tiene su porqué.
    Me alegra saber que estas entradas son interesantes para tí también.
    Besos

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  3. Me encantan estas entradas que estás haciendo, no tenía ni idea tampoco de esta leyenda así que muchas gracias por acercarnos al origen de las tradiciones
    besos

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  4. Mucha gente cree que Halloween es de origen americano, como la Coca-Cola, jajaja...
    Besos,

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