12 portadas que dan miedito (y no son de terror)

martes, 27 de junio de 2017




Me diga el respetable por favor cuántos de estos libros leerían si por algún extraño motivo, llegasen a caer en sus manos y tuvieran la fortuna de no desmayarse ipso – facto.
Tengo entendido que uno de los motivos que hace elegir una lectura es el impulso visual (al menos para mí lo es). Si te entra por los ojos… es un triunfo casi seguro. Tomas un libro entre las manos, pasas sus páginas, olfateas su aroma, revisas la página 99 y si el conjunto es aceptable, llega el momento decisivo. Vuelves a la portada.
¿Qué te evoca?¿Qué te cuenta y qué promesa te hace? Puede que en ese instante decidas comprar el libro. Puede que no, pero si la portada te ha parecido atractiva, su imagen queda fijada en tu memoria y antes o después (gracias a las reseñas, recomendaciones o directamente por el artículo treinta y tres) leerás esa novela. Seguro.
La portada es el envoltorio atractivo que hace un libro más deseable. Y es algo que tanto los autores (en especial si son autoeditados) como las editoriales deberían tener en cuenta.
Pero, ¡ay!
No siempre es ni ha sido así. Además, aunque hay géneros que parecen abonados a este tipo de portadas (como por ejemplo la ciencia – ficción), ningún grupo se ha salvado del horror. La novela negra, el thriller y otros experimentos criminales tampoco. Hay portadas que son un disparate porque no reflejan ni de lejos el concepto de la novela, algunas fallan estrepitosamente porque no se ha trabajado bien el diseño gráfico y otras directamente son un despropósito lo mires por donde lo mires…
¿Quieres ver algunos ejemplos?
¿Seguro? Mmmm. Está bien, pero te aviso que es bajo tu responsabilidad, que yo no me hago cargo de que vayas corriendo a urgencias porque te sangren los ojos, se te descuelgue la mandíbula o empieces a hiperventilar….Avisada quedas.



Vamos ya con el número uno: "Comer gente no está bien"
Pues más vale que me lo han advertido, porque ya estaba empuñando la cuchara mirándote con ojos golositos. Pero…¿qué te sugiere esta portada? ¿Adultos en postura inicial de yoga prestos a jugar al juego de la botella pero con cuchillos y tenedores? Mi no entender.












En el segundo lugar, Las aventuras de Huckleberry Finn. Que digo yo, esta muchacha tan lozana no tiene pinta de llamarse Huckleberry ¿no? Y el agua que cae del jarro ¿es algún tipo de metáfora sobre el Mississipi que se me escapa? No sé, no lo veo nada claro.












Y seguimos para bingo...Es enorme. Es peludo. Está cabreado y tiene una insignia. Él es el policía bigfoot. Ehmmm. ¿En serio a alguien le entran ganas de leerlo con esta intro? (Por cierto, te aseguro que son libros reales, con su espacio amueblado y todo en la tienda de la jungla).












Cthulhu. Antes ese nombre hacía temblar de miedo. Después de esta portada… Qué quieres que te diga, a mí casi como que me da la risa.













Peligrosos magos del hardboiled. Hasta ahí correcto (más o menos; lo de los títulos daría para otro post). La estética remeda las novelitas de la época con bastante acierto hasta que la miras con un poco de detenimiento. ¿Has visto la ventana? No es un pájaro ni un avión. No es supermán al rescate. No. Es un coche volador. Muy de los años treinta: la ley seca, los detectives y los coches voladores…Ah, que no. Cachisss.








Preciosa portada, pero que muy bonita (leer con ironía y retintín por favor). Que le entran a una ganas de cualquier cosica. Tan en boga está lo del DIY (do it yourself: hágalo usted mismo), que ahora por si se te ocurre alguna idea criminal, y estás hecho un manitas, ¡ya tienes donde guardar el cuerpo del delito! Ahí es nada. ¡Pero cuánto daño ha hecho Bricomanía, ´gen santa!










Cómo aumentar tu coeficiente intelectual comiéndote a niños superdotados. Nada, que ahora nos ha dado por el canibalismo. Lo normal, ¿verdad? Portada sosa y anodina pero no me digas que el título no da miedito…











Tu madre bebe porque tú eres malo. Ole canole. ¿Y si se atiborra de conguitos o le da por tener todo el día a Georgie Dann y su barbacoa a un volumen ensordecedor?¿También es culpa tuya? Y esa portada que parece digna de un subrayador de cadáveres…En fin. No digo nada y lo digo todo.










La Pimpinela Escarlata. Vale. Igual no es una novela muy criminal, quizá corresponde más al género de aventuras. Pero esta portada….Por favor. Merece un ¡Arghhh! De aquellos de la revista ¡Qué me dices! Ni es sugerente ni tiene que ver con el contenido...








Nada, que seguimos en la vorágine del DIY. Esta vez nos enseñan a ser unos pirómanos de pro. Igual no es una novela de ficción, pero el elemento criminal lo tiene. No me digas que no. “Construye tornados de fuego, grandes bolas de fuego y otros dispositivos incendiarios”. Un sueño piromaníaco. Y esa portada… Aséptica, sin mala intención. El fuego casi como experimento sociológico.











Reutilizando viejas tumbas. Vale que estemos a favor del reciclaje, pero todo tiene un límite ¿No? Y la portada, ya ves, sugerente.













La vuelta de tuerca. Una novela de fantasmas. ¡Ah! ¿Que no te lo imaginabas por la portada? Pues no sé porqué. Tuercas y fantasmas son casi mismónimos de esos, ¿no?






Y por si lo anterior te ha dejado con ganas de más, aquí tienes un bonus track:


Un desbarro en toda su extensión. Miedo no da, pero ganas de salir huyendo…



En fin, hay que reconocer que algo bueno tienen todos estos despropósitos y es que no te dejan indiferente. Pero con ellas también se pone de manifiesto que una buena portada es absolutamente necesaria si quieres que te tomen en serio y que tus esfuerzos literarios tengan su merecida recompensa.
¿Qué te han parecido, las conocías?¿Te lanzarías de lleno a leer alguno de estos libros después de ver sus portadas?
Y repito que son novelas reales de esas que tienen su sitico la mar de majo en mitad de la amazonia. Sorprendente ¿verdad?

Feliz día.

El Efecto Midas de Manuel Dorado

jueves, 22 de junio de 2017


Miguel Le Fablec, un joven profesor universitario, parece tener el poder de convertir en realidad todo lo que imagina; es el denominado Efecto Midas. Inconsciente de su poder, es vigilado por centros de investigación que lo involucran en intrigas internacionales y operaciones de servicios secretos que sobrepasan su propia capacidad de reacción. Todos lo quieren controlar y utilizar.
Pero ¿cómo se controla un poder así? ¿Está el hombre capacitado para gestionar un poder infinito? Encuentra la respuesta a estas preguntas acompañando en su búsqueda a los personajes de El Efecto Midas.

Manuel Dorado con El Efecto Midas ahonda en una de las preguntas que tú —como cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida— nos hemos formulado. ¿Qué pasaría si pudieras convertir en realidad todos tus deseos? ¿Qué consecuencias tendría en tu entorno más cercano? ¿Generaría algún efecto mariposa indeseado?¿Antepondrías los beneficios personales sobre los posibles perjuicios generales?

Pero estas no serían las únicas preguntas que girarían alrededor de una capacidad tan especial y poderosa. Imagina a quién le podría interesar ese poder y para qué se usaría. Servicios de inteligencia internacionales, posibles grupos extremistas, altos mandos políticos económicos y religiosos…

Vamos, que más que un don, el privilegio de convertir en realidad tus deseos podría convertirse en una pesada losa.

Algo así es lo que le pasa al protagonista de El Efecto Midas. En tan solo unas semanas, la vida de Miguel Le Fablec da un vuelco total y sus sueños parecen cumplirse rápidamente. De Granada a la NASA, y de una relación amorosa frustrada a la promesa de una nueva pareja. Todo cambia en poco tiempo al ritmo de sus deseos, aunque Miguel no es consciente de ello.

Gracias a su nueva pareja, Mónica, conocerá  las instalaciones de la NASA y algunos de sus entresijos aunque hasta que tope de bruces con un estudio algo particular y sorprendente, no será consciente de que quizá su presencia allí obedezca a otro tipo de intereses menos mundanos.

Será en ese momento cuando Miguel pase a formar parte del equipo de Gorlov (un antiguo espía soviético que ahora trabaja para la NASA) y conozca al agente Castillo del FBI. Paso a paso descubrirá sus sorprendentes capacidades con pequeños experimentos, pero los servicios de inteligencia querrán obtener conclusiones más rápidas. El FBI necesita resultados, por lo que presionará al equipo y lo abocará a una circunstancia que finalmente se descontrolará y convergirá en una situación inesperada y trágica.

A raíz de este episodio traumático, Miguel comenzará a plantearse la faceta ética de su don. Desconfiará de los propósitos de su círculo cercano y dudará. Ya no estará tan seguro de querer y aceptar su poder a ojos cerrados. Por supuesto, también dudará acerca de las intenciones de la misión que le han propuesto. Pero el FBI y su mano ejecutora, el agente Castillo, no estarán dispuestos a renunciar a la posibilidad de controlar un don tan poderoso y harán cuanto esté a su alcance —sea o no moralmente aceptable—para no dejar pasar la oportunidad de someter a Miguel y su capacidad en favor (supuestamente) del beneficio de toda la humanidad.

¿Será cierto que es un bien común lo que persiguen?¿Estará dispuesto Miguel al sacrificio que eso supone?

Ya comenté la semana pasada que llegué a este libro gracias al buen hacer de su autor, Manuel Dorado. Pero confieso también que me lancé a su lectura por otros motivos más prosaicos: su portada (¿Quién no ha elegido un libro por su cubierta? Aja. Este tema da para todo un post que ya estoy preparando).

Y es que a mí me hablan de Miguel Ángel, La Capilla Sixtina, El Moisés, El David y sobre todo “el chispazo” (que es como conocemos en casa a esta escena de La Creación en concreto) y las rodillas se me vuelven blandiblú. Así que puedes imaginar mi reacción al ver la imagen de cubierta de la novela, ¿verdad?

 Pero El Efecto Midas, es mucho más que una portada prometedora. Se nota que detrás de cada página hay mucho trabajo de edición y de formación. Por eso es una ópera prima tan sorprendente.

Aunque hay algunas cosas que tendrían cabida en ella y  he echado en falta (como el “incidente King”: ese momento psicológico inquietante que te acompaña durante toda la lectura), sí hay algo que genera esta novela a través de su original argumento. Una comezón dialéctica que te hace plantearte mil y una preguntas. Por eso me ha gustado tanto (más allá de su armazón literario). Porque es una lectura que trasciende, que te mueve por dentro de alguna forma ya que la historia no se queda en las páginas sino que salta a la mente y apela a la ética del lector.

El argumento se estructura en tres bloques muy diferenciados que anuncian y guían perfectamente la narración en tiempos muy concretos. Cada uno de ellos se divide en capítulos breves donde el léxico es sencillo y natural (pese a que en muchos capítulos pertenece a un entorno científico) lo que redunda en una lectura fluida.

 Con un vocabulario muy visual y sensitivo, Manuel consigue una narración rica en imágenes, olores, sabores, etc que facilitan el “sueño literario” y te invitan a recrear con claridad el universo que él ha imaginado. El autor consigue así con este thriller de ritmo constante y estudiado trasladarnos a todos los escenarios que compone a lo largo de la novela sin caer en excesos, con seguridad y concreción.

Pero además de todo lo anterior, he de destacar dos elementos que me han sorprendido de manera especial: la caracterización de los personajes y el andamiaje interno de las escenas. En esto Manuel demuestra oficio.

Cada uno de los personajes que componen la historia lleva incluida —además de la profundidad psicológica correspondiente y su propia voz— una característica básica, una peculiaridad que lo hace reconocible al lector y facilita ese “no lo digas, muéstralo” que tan importante es para hacer creíble un personaje (aunque este sea un punto de desacuerdo para algunos autores).

De esta forma vemos y asociamos gestos y actitudes con cada personaje. A través de los capítulos a Miguel le pican las palmas de las manos cuando está alterado, o vemos al agente Castillo colocándose el nudo de la corbata, e incluso sabemos que el impertérrito Gorlov está nervioso porque juguetea con un bolígrafo montándolo y desmontándolo. Detalles que dicen mucho de cada personaje, que los matiza de manera natural  sin que el narrador tenga que intervenir para explicar nada.

De igual forma, la estructura de las escenas me ha recordado a los manuales de Dwight Swain, Bickham y Angel Zapata. Cada escena está estudiada con precisión de manera que el lector siente la ilusión de que es él el personaje principal. Las secuencias de acción y reacción se suceden con el orden adecuado y mantienen —gracias a las repeticiones y el eje camuflado en las escenas (por ejemplo el crucifijo dorado en el capítulo nueve) —una continuidad que origina una lectura fluida y grata.

El Efecto Midas es, en definitiva, una lectura agradable y entretenida para disfrutar en  la época estival que acaba de instalarse. Incluso podría decirse que es una novela con cualidades para lograr algo más que una lectura de consumo rápido como suelen ser las de su género. ¿Te animas a leerla?

Te gustará si:

  •          Lo tuyo son las lecturas con “poso” dialéctico.
  •          Tu género de cabecera es el thriller.
  •         Quieres un ejemplo claro de una buena ópera prima.




Por último, quiero agradecer desde aquí a Manuel que me haya hecho llegar su libro y que con su trabajo me haya recordado que todo el esfuerzo invertido en las labores de formación y edición merecen la pena. Que son como dice el Principito: Esenciales e invisibles a los ojos.

Feliz día.

Quien a buen tópico se arrima, buena historia le cobija.

martes, 20 de junio de 2017


En estos tiempos en que las disciplinas dominantes del mercado (decoración, moda, etc) han aupado el término “vintage” (lo que en la lengua de Cervantes #detodalavida viene siendo antiguo o viejo, vaya) a las posiciones más elevadas en el ranking nuestro de cada día y se han apuntado el tanto de la tendencia rompedora, creo que sería conveniente subrayar que la literatura, una vez más y le pese a quien le pese, lleva el asunto del “vintage” pegadito a su cadera desde que el mundo es mundo.
Si. Si miramos el universo literario en general, podemos establecer que existe el “universo vintage” en las obras clásicas de toda la vida (generalmente anteriores al S.XX), los autores imprescindibles (raro es que no hayan pasado como cincuenta años desde su muerte), las novelas básicas de cada género (por regla general suelen datar del origen de los tiempos)… Pero también, si nos enfocamos en modo “macro”, podemos descubrir que casi cada novela está influenciada por lo “vintage”. ¿Cómo? Por los tópicos.

Como lectora puede que no te gusten los clichés, pero en muchos géneros estos tópicos se han convertido en las coordenadas básicas para moverse con seguridad dentro del estilo elegido. En fantasía por ejemplo, como bien nos muestra Ana Gonzalez Duque, suele haber unos personajes que se repiten (el héroe, el mentor…) y el lector de este género además, los espera. También en las novelas de amor hay una interrupción inoportuna en el “momento beso” por ejemplo. Son instantes básicos. Predecibles si quieres, pero que funcionan y se repiten una y otra vez a lo largo de las novelas.

¿Hacemos un repaso por los diez tópicos más efectivos de la novela negra y sus ejemplos?

EL PERSONAJE ERUDITO: En general no suele ser el protagonista, sino un apoyo al mismo. Este personaje tiene una serie de habilidades específicas y un amplio conocimiento de alguna materia (o puede ser también creador de artilugios como en 007) que es totalmente desconocida para el protagonista. Puede ser un científico, un hacker… En cualquier caso, el protagonista necesita de su ayuda para poder continuar con la investigación del caso. ¿En qué novela lo encuentro?

COMENTARIOS ÁSPEROS: Desde Marlow a Ramiro Mata, el detective o investigador en las novelas negras suele ser un tipo duro que sentencia cada vez que abre la boca. Son personajes crudos, con un carácter rudo y unos comentarios afilados. Es algo que el lector espera, sin duda. Porque ¿qué prefieres encontrar en las páginas de tu última novela negra?¿Un investigador pusilánime de verborrea diarréica sin ningún objeto claro o un personaje duro que sentencie con aspereza y tino cada paso de la investigación? ;) Pues eso. ¿En qué novela lo encuentro?

EL FUNERAL: En toda novela negra(o casi) hay una víctima. Y si la hay, también encontrarás un funeral. Estos acontecimientos acostumbran a dar lugar a un sinfín de sucesos: un largo discurso emotivo que conlleva alguna pista suelta, la interrupción del sepelio con un episodio violento, e incluso que el momento sirva como base para la investigación en curso. La escena es en sí un filón para el escritor y también para el lector, que suele conocer en ella algún aspecto más profundo de los sospechosos. ¿En qué novela lo encuentro?

EL EQUIPO PERFECTO: Por regla general los mejores equipos de investigación son los de cuatro elementos. Conjuntos de más personajes serían demasiado grandes para manejar la acción de una forma adecuada, pero si se reducen demasiado tampoco dan el juego necesario. En estas brigadas cada personaje está especializado en diferentes líneas de investigación que se complementan. ¿En qué novela lo encuentro?

ARMAS MISTERIOSAS: En el argumento de una novela que trate de ser un poco creativa el arma perfecta suele ser algo desconocido e incomprensible que lleva de cabeza al detective porque precisa de un esfuerzo extra por su parte y que pone en jaque todas sus habilidades de deducción. ¿En qué novela lo encuentro?

AGUIJONEANDO AL PROTA: En todo buen argumento, el héroe es un bendito. Aguanta carros y carretas. Tiene una paciencia infinita y nunca se enfurece realmente hasta que la violencia le toca de cerca y le hacen daño a su novia, familia o amigos. Es un recurso muy utilizado pero además es efectivo para que el lector acepte y justifique las acciones del protagonista aunque estas sean contrarias a la moral, la ley, etc. ¿En qué novela lo encuentro?

MUJER DOMINANTE O CON PROBLEMAS: En toda novela negra que se precie habrá uno de estos dos tópicos, e incluso es posible que en un solo personaje se aúnen ambos. En cualquier caso siempre hay una mujer sexy, trajeada y convenientemente maquillada. No falla. ¿En qué novela lo encuentro?

UN PASADO OSCURO Y VIDA TRÁGICA: Generalmente el protagonista de una novela negra suele ser un hombre (aunque esto va cambiando) con un pasado trágico y un presente con un poso importante de dependencia de ciertas sustancias. Suele dar un perfil de consumo de alcohol diario, enganchado al tabaco y otras drogas. ¿En qué novela lo encuentro?


LA NOCHE OSCURA DEL ALMA: En toda novela que se precie (ya no solo en el género negro), llega un momento en el que el protagonista, siguiendo la estructura del viaje del héroe de Campbell, se cae con todo el equipo. Se hunde en la más profunda de las miserias después de enfrentarse con su antagonista (personaje, fuerzas de la naturaleza, etc.). De hecho este momento suele coincidir con el segundo enfrentamiento con su antagonista, y esta disposición no es inocente. Está pensada para crear empatía con el lector, para manipular sus emociones y que sienta simpatía por el lado bueno y antipatía por el lado oscuro. Además el héroe saldrá de esta situación fortalecido y con el aprendizaje óptimo para enfrentarse al antagonista y esta vez si, salir vencedor. ¿En qué novela lo encuentro?


EL PROTAGONISTA RETIRADO O RENEGADO: Este también es un tópico que se ha explotado hasta la saciedad, pero que sigue funcionando. La idea es que el tipo humillado o expulsado de los Cuerpos de Seguridad sea quien logre resolver la situación y descubrir al asesino. ¿En qué novela lo encuentro?

¿Reconoces alguno de estos recursos en las últimas novelas que has leído?¿Sabes de algún otro tópico recurrente y efectivo?¡Cuéntamelo  por favor, me encantará saberlo!


Feliz día.

Pre - reseña de El Efecto Midas de Manuel Dorado

jueves, 15 de junio de 2017



¿Pre – Reseña? ¿Qué es eso? Lo reconozco, el término es purita invención. Pero es que esto es algo especial. Hay veces que una novela o su entorno requieren una atención detallada porque han llegado de un modo diferente al habitual. Y este es el caso.

Buenas palabras y buenos modales abren puertas y portales. Eso decía mi abuela. Y tenía toda la razón. Mucho más en el mundo literario (sobre todo en caso de ser un autor prácticamente desconocido).

Cada cierto tiempo reseño alguna obra de un autor novel. Me gusta pensar que este espacio resulta útil tanto a lectores como a escritores y, aunque no puedo dar toda la cobertura que quisiera a todas las solicitudes que recibo, en algunos casos suelo aceptar y reseño obras de autores independientes que se ponen en contacto conmigo para darle más visibilidad a su trabajo.

Y no te voy a engañar. A lo largo de estos años he encontrado de todo. Libros estupendos con una campaña de marketing totalmente desalentadora, o libros flojitos pero con un autor carismático que respaldaba su obra con gracia y firmeza.

Generalmente quienes acuden al blog para pedir una reseña son autores que, aunque tienen muy buenas intenciones, suelen poner de manifiesto sus carencias en procesos de habilidades sociales blogueriles (otro bonito palabro ¿eh?) y publicidad. Es excepcional encontrar un caso de escritor – emprendedor novel que se mueva con la mesura y educación necesarias para solicitar la lectura de su libro.

Por eso hoy quiero contarte el caso de El Efecto Midas de Manuel Dorado. Un ejemplo del buen hacer de un autor independiente y de un buen producto acabado con dedicación y mimo.

Me apena no llegar a leer y reseñar todas las novelas que me ofrecen, pero mi tiempo es limitado y cuando hay un montón de peticiones al mes, me entran los sudores frios. ¿Cómo elijo qué novela leer? ¿A quién le digo que sí y qué solicitud declino?, Se por experiencia que la escritura, a pesar de ser un trabajo muy satisfactorio y adictivo, es duro. Muy duro. Así que quiero ser justa (y si es posible, no perder el tiempo).

El primer cribado es el más sencillo. Si la novela propuesta no entra dentro de los géneros en los que me muevo, pasa a segundo plano. Y si el mensaje de correo está totalmente automatizado, tampoco pasa la criba. No soy un robot. No me trates como si lo fuera, por favor.

El segundo filtro es más detallado. Leo con atención el mensaje de correo y hago una lectura rápida de la sinopsis de la novela o la web del autor. Si me resultan atractivas doy el paso y contacto con el escritor.

Manuel se puso en contacto conmigo hace un par de meses via mail. Ya desde el comienzo su correo se diferenció de otros mensajes automatizados que suelo recibir. No era un mensaje tipo “lee mi libro y lo reseñas, por favor”. No. Manuel recordó y utilizó una regla básica: cortesía y buena educación. Había pasado por el blog, le había echado un vistazo y creía que su libro podía encajar de alguna forma en Filias Home. Nada de robots ni mensajes automatizados. Bien.

Minipunto para Manuel.

Además me explicó por qué una reseña en el blog era importante para él, señaló el estilo de novela que era El Efecto Midas y me indicó su página para que pudiera comprobar si podía interesarme.

Respeto y calma.
Otro minipunto.

Una vez que me puse en contacto con él, me atendió de manera amable y me ofreció su novela en el formato que disponía facilitándome también otros formatos si era necesario. Se suscribió en el blog. Desde entonces ha esperado pacientemente a que yo leyera su libro. Nada de agobios. Sin atosigar.

Minipunto.

Y van tres.

Hoy día la auto – publicación es un proceso relativamente sencillo que está al alcance de todos, pero eso mismo hace que dentro del mercado sea muy difícil llegar a diferenciar un producto convenientemente pulido del que no lo está (y de esto último hay mucho, te lo aseguro).
Manuel sabe que para destacar hay que diferenciarse y apuesta fuerte por la profesionalidad. Tanto en su formación de escritor como en las labores de edición, preparación y puesta a punto de la novela. Detrás de El Efecto Midas hay oficio, horas de trabajo y una buena estrategia de promoción.
  
Mención aparte merece el libro en sí (publicaré la reseña la próxima semana). Entretanto te adelanto que es una novela  muy cuidada. Una lectura entretenida en la que como lectora vas a disfrutar  y, como escritora, puedes aprender mucho de técnicas y recursos que ha utilizado Manuel con mucha destreza.

¿Quieres abrir boca mientras esperas la reseña? Pincha aquí


Nos vemos en breve. Mientras tanto, ¡feliz día!

Más que un club ...

martes, 13 de junio de 2017


No, no vengo a hablar de fútbol. Ni siquiera soy hincha de ningún equipo aunque se perfectamente qué es un “fuera de juego”, conste. La cosa va por otro camino.

Por el de la lectura, of course.

La semana pasada os pedía que me dijeseis cómo leíais (en silencio o con ruido de fondo; en soledad o en compañía…) porque he encontrado una iniciativa originaria de Estados Unidos que me ha dejado patidifusa. Es una actividad que tuvo su origen en 2010 con Christopher Frizelle como artífice y la llaman (traducción propia) el club de lectura silenciosa.

Vale. Dicho así, pues casi que no tiene gracia. Pero ¿y si te digo que son reuniones para leer en soledad acompañada? Lectura en silencio, si. ¿Y si te cuento que suelen tener lugar en bares (el original sigue convocándose en el Hotel Sorrento)?

Ajá.

Ojoplática me quedé. Y entonces comencé a pensar…¿Eso sería factible aquí?¿Llegará esa moda? Porque otra cosa no, pero silenciosos y comedidos…no lo somos ni por asomo. Culturalmente nos gustan las reuniones sociales. Somos bulliciosos, vocingleros y ruidosos (aún recuerdo un viaje a Praga en el que pude detectar sin ningún género de dudas a un grupo de españoles en el hasta entonces silencioso lugar).

Se ve, se siente, el guirigay en el ambiente. Somos así.

Pero a lo que iba, que me despisto. Los clubs de lectura silenciosa. ¿Qué son?¿Con qué objetivo se crearon? ¿Quién acude y por qué? ¿Por qué se celebran en bares y no en bibliotecas?¿Tú también te lo preguntas?

Te cuento.

Son reuniones mensuales gratuitas que se desarrollan generalmente en un horario de tarde – noche en un lugar (parece ser que tienen preferencia por bares) convenientemente ambientado con luces e incluso puede que con música de fondo en directo. La convocatoria suele congregar a unas veinte personas que acuden al lugar con una lectura propia (libro, periódico, revista, etc) y con el único objetivo de leer y tomar una copa (en solitario) mientras se disfruta de la lectura si se presta la ocasión.

A diferencia de los clubs de lectura tradicionales, aquí nadie busca comentar sus apreciaciones, conjeturas o impresiones. Sencillamente se acuerda una regla de silencio (que suele durar de una a tres horas según los casos) para leer sin distracciones.

Por lo que he podido apreciar, lo que más valoran los asistentes de estas reuniones es que salen de casa y se “socializan” en un entorno menos institucional que las bibliotecas y menos impredecible (por aquello de las condiciones atmosféricas) que los lugares al aire libre. Hay quien lo toma también como un empuje para cumplir el reto personal de leer cierta cantidad de páginas mensuales integrándolo en su agenda. No está nada mal como motivación extra, ¿verdad?

Dicen que hay algo mágico en compartir el silencio y afición con extraños; que da sosiego y recogimiento, como si estuvieras en una catedral. En cierto modo puede que la cosa tenga su gracia porque el entorno se busca con mucho mimo. No vale cualquier lugar sino que debe ser uno con cierto encanto, que invite a relajarse, a leer. Un sitio con asientos cómodos y buena iluminación (se me ocurre que una cafetería tipo Starbucks podría ser un lugar idílico para quien sea amante de la lectura y del café).

Y el espacio de dos horas no es demasiado para apoltronarse un poco, además. Creo que como en las recomendaciones para los tiempos de descanso en la conducción de vehículos, es el tiempo justo para desear moverse un poco, desentumecerse y volver a decir algunas palabras en voz alta.

Creo que, de poder implantarse aquí, el requisito de más difícil cumplimiento sería mantener un clima de silencio absoluto. No vale ni murmurar, ni leer en voz baja. Solo se permite el ruido de las páginas al pasar y los carraspeos propios de los lugares concurridos. Nada más.

(En nuestro descargo, te diré que los españoles no somos los únicos a los que les cuesta guardar silencio cuando compartimos el mismo espacio porque he leído que para mantener este ambiente en algunos lugares tienen que repartir unas tarjetitas con el lema “Shhhh” que se entregan a quienes no pueden/quieren/ saben mantener sus labios sellados.)

En cualquier caso me parece una iniciativa muy interesante a la que veo infinitas posibilidades (podrían ser reuniones temáticas aderazadas con una música acorde a las lecturas por ejemplo) aunque no sé si tendría cabida por aquí.

¿Tú qué opinas? ¿Conocías la iniciativa?¿Crees que podría funcionar? ¿Dónde las celebrarías? Es más, ¿te animarías a montar una? ¡Te espero en los comentarios!


Feliz día.