Puerto escondido de María Oruña

jueves, 18 de mayo de 2017



Oliver, un joven londinense con una peculiar situación familiar y una triste pérdida, hereda una casona colonial, Villa Marina, a pie de playa en el pueblecito costero de Suances, en Cantabria. En las obras de remodelación se descubre en el sótano el cadáver emparedado de un bebé al que acompaña un objeto que resulta completamente anacrónico. Tras este descubrimiento comienzan a sucederse, de forma vertiginosa, diversos asesinatos en la zona (Suances, Santillana del Mar, Santander, Comillas), que, unidos a los insólitos resultados forenses de los cadáveres, ponen en jaque a la Sección de Investigación de la Guardia civil y al propio Oliver, que inicia un denso viaje personal y una carrera a contrarreloj para descubrir al asesino.


Para la que escogí como tercera novela de #autorasnovelanegra, Puerto Escondido, cometí el error de comenzar la lectura con las expectativas bastante altas. Es lo que sucede cuando te dejas llevar por las opiniones (generalmente exaltadas) de los fans en las redes sociales, y claro, no siempre esas opiniones coinciden con las propias.



No es que la novela no me haya gustado, sino que me ha dejado un montón de sentimientos encontrados. Y una imagen. Una colcha de patchwork. Sí. La lectura de esta novela se asemeja a esa sobrecama agradable, acogedora y cómoda pero útil solo en algunas estaciones del año y hecha con pedazos de otras telas.


Me ha parecido una novela de evasión, de entretenimiento. ¿Policiaca, negra, thriller? Criminal en cualquier caso y adecuada para fechas vacacionales. Una lectura liviana sin excesivas pretensiones.

En cuanto a lo de los “retales”, me explico. Supongo que todos somos el resultado de lo que nos ha sucedido en el pasado y eso, de alguna forma, también se refleja en nuestro trabajo actual. En el caso de Puerto escondido he visto ciertas semejanzas entre el policía Sabadelle y Montes, en el hecho de que un cadáver que se descubra cuando se hacen obras en la villa, en la heterocromía del protagonista y también en el modus operandi del asesino. El hecho en sí no me parece mal, sencillamente me asaltaban continuamente conexiones entre esta novela y las que señalo, lo que me ha importunado bastante durante la lectura, pero reconozco que esto son cosas mías.


Creo que es muy interesante que la autora nos desvele (como lo hace Dolores Redondo en su Trilogía) cuál fue el hecho desencadenante que le motivó a escribir la historia. Al final de la novela, Maria Oruña apunta que en 1953 tuvo lugar un suceso que espoleó su imaginación y promovió la escritura de Puerto escondido. Una vez más, la realidad es el lugar ideal para nutrir la imaginación de los escritores y recabar el incidente que desencadena la creación de una historia de ficción.


En mi opinión, lo mejor de la novela son los escenarios (que no las descripciones de los mismos, bastante extensas y cargadas), la estructura y la estupenda dosificación del misterio y la intriga.


Me ha gustado volver a Suances, Santillana del Mar o Comillas mientras leía el libro y también me ha seducido que la estructura de la historia —aunque frecuente— se centre en dos hilos temporales diferentes: el de la investigación (en la actualidad) y otro que comienza el 18 de julio de 1936; el día en que da comienzo la Guerra Civil española.



La novela se estructura en dos líneas temporales con un estilo bastante diferenciado. Mientras la voz narrativa del presente es el de un narrador en tercera persona y se divide en capítulos precedidos por algunas frases de libros o películas, la voz del pasado (para mi gusto mucho más interesante y sugerente) se presenta mediante un diario escrito en una primera persona. Estos dos hilos aparentemente inconexos se van trenzando poco a poco mediante giros, y sorpresas hasta llegar a un final que, aunque previsible, cierra todos los cabos sueltos.



¿Quién es el bebé que ha aparecido emparedado? ¿Por qué lleva un símbolo azteca consigo? ¿Realmente Oliver es tan colaborador u oculta algo? ¿Quién escribe el diario? ¿Por qué un hecho del pasado parece desencadenar una serie de crímenes en la actualidad? ¿Quién puede ser el asesino? Las dudas, los secretos y las preguntas son los que empujan la historia hacia adelante junto con el ritmo narrativo, que va de menos a más durante el desarrollo de la novela.


Una ópera prima con algunos detalles (el calado psicológico de los personajes, las extensas descripciones y la dudosa labor editorial de pulido) que estoy segura de que mejorarán en la segunda parte de la saga.


Te gustará si

  • Eres indulgente con la forma (mientras te guste la historia).
  • Te gustó la Trilogía del Baztán.
  • Quieres una lectura de evasión, entretenida y sin grandes pretensiones.


¿Conocías a la autora? ¿Qué opinión te merece su primera novela? ¿Crees que las editoriales están haciendo un flaco favor a los autores con su flexibilidad a la hora de pulir los textos? ¡Cuéntamelo todo, te escucho!



La mejor oferta de Giuseppe Tornatore o cómo captar la atención del lector.

martes, 16 de mayo de 2017



Ya sabes que me interesan —y me fascinan— los recursos de los que se valen los autores para conseguir crear ese lazo emocional robusto entre las historias y los lectores (o espectadores en este caso) porque una novela no solo pasa de generación en generación gracias a su gramática exquisita, ni por la estructura innovadora para la época sino por el poso sentimental que —de una u otra forma— deja en el lector.


Eso es lo realmente importante. A pesar de las notas discordantes que pueda haber (y en esta película las hay: por ejemplo las actitudes poco verosímiles de los personajes), lo trascendental para el espectador es el lazo afectivo.


Y en el caso de La última oferta, esto se traduce en mantener la atención del espectador siempre en un punto álgido y en ese no sé qué que qué se yo que me ha mantenido suspendida en el recuerdo de la película días después.


Virgil Oldman un hombre solitario y excéntrico, es un experto en arte y un agente de subastas muy apreciado. Su vida transcurre al margen de cualquier sentimiento o emoción hasta que conoce a una hermosa y misteriosa joven que le encarga tasar y vender las obras de arte heredadas de sus padres. Esta joven, que sufre una extraña enfermedad psicológica que la mantiene aislada del mundo, transformará para siempre la vida de Virgil.



Pero, ¿qué tipo de película es?¿Podría decirse que es un thriller? Bueeeeno, podría ser. Pero no es el típico producto.


Aquí no existe esa urgencia que suele envolver a las historias más características del género, (ni hay un crimen para resolver y además, se intuye con bastante seguridad qué va a suceder) aunque sí existe una tensión y un suspense que me tuvo pendiente de la historia a pesar de que esta no llevase un ritmo trepidante.


Entonces… ¿Cómo ha conseguido captar la atención del espectador durante más de dos horas?


Imagino que algo tendrá que ver que el escritor y director de la cinta sea Giuseppe Tornatore, el mismo que dirigió y escribió la oscarizada Cinema Paradiso. Así que quien presenta la historia algo sabe de atractivos trucos literarios y cinematográficos.


La gran pantalla es en esta ocasión la aliada principal para descubrir los entresijos y la “fontanería” de la historia que, además tiene su origen en una pequeña novela del mismo nombre. En mi experiencia, las películas (supongo que por el elemento visual) hacen más sencillo el trabajo de identificar los recursos más efectivos que también se pueden trasladar a las técnicas literaria.


En este caso son:

· Punto de vista original:

En vez de contar la historia desde el punto de vista más habitual para esta temática y estilo de narración, Tornatore se decanta porque el espectador descubra detalles y pistas más o menos al tiempo que lo hace el protagonista (en una novela probablemente se trataría de una narración en primera persona o tercera centrada en un solo protagonista).




· Personaje principal peculiar:

Virgil Oldman (atención también a los nombres de los protagonistas), tiene unas características muy definidas. Es un personaje con multitud de defectos: huraño, obsesivo, soberbio, manipulador, privado de habilidades sociales y sin embargo resulta empático para el espectador. ¿Por qué? Porque además de estos defectos, también posee todas las columnas básicas de un personaje inolvidable. Tiene miedos (trata de mantener una distancia emocional con todas las personas con las que trata. Especialmente si estas son mujeres. Ni siquiera consigue mirarlas de frente a los ojos y lleva continuamente guantes como una especie de escudo protector frente al mundo). También guarda algunos secretos inconfesables (adquiere pinturas valiosas mediante métodos poco convencionales) junto con sus deseos y necesidades (alberga un íntimo deseo de enamorarse junto con una inmensa ambición) y ni siquiera su gran virtud (tiene un olfato privilegiado para detectar falsificaciones) puede evitar que caiga en el trágico error que cambiará su vida.



· Personajes discordantes y extraños que suscitan interrogantes:

Tanto la protagonista femenina como los secundarios son elementos inquietantes ¿qué les sucede? ¿por qué actúan de esa manera? ¿Por qué hay cambios de actitud bruscos, obsesiones con los números, caracterizaciones llamativas? Cada pregunta produce una expectación en el espectador que le mantiene en vilo hasta que cada cuestión sea resuelta (un acertadísimo uso del efecto Zergainik)


· Escenario inquietante:


Muy al estilo de las narraciones góticas, la finca y la casa suponen un escenario acorde con la sensación de inquietud general. Es un lugar semi-ruinoso con múltiples habitaciones y trampantojos que esconden estancias ideales para dar cabida a todas las hipótesis y sospechas posibles.



· Sembrar de dudas la trama:

A pesar de que poco a poco descubres qué va a suceder (existe una frase lapidaria al estilo del regalo de jubilación del policía de turno que indica sin ningún género de dudas que el personaje está sentenciado), no se sabe cómo va a pasar ni el motivo que se esconde tras el hecho, ni tampoco queda claro hasta el final quien está tras los incidentes, con lo que la intriga te mantiene pegado a la pantalla. No faltan tampoco las pequeñas dudas que salpican el devenir de la historia y la sensación de que algo chirría, que algo no cuadra.


Con estos cinco elementos, Tornatore construye una película de suspense muy interesante que además, como te he comentado antes, tiene su origen en una pequeña novela de apenas cien páginas que estoy loca por leer para sacar en claro cómo ha aplicado el autor todos estos recursos en una obra escrita.



¿Conocías la película o la novela? ¿Te resulta más fácil identificar los recursos narrativos en el cine que en los libros? Tienes los comentarios abiertos para ti.

No solo de pan: Mini - reseñas de La otra vida de Ned Blackbird (Alexis Ravelo) y Mejillones para cenar (Birgit Vanderbeke)

jueves, 11 de mayo de 2017



Continúo con la idea de dar unas pequeñas ideas de aquellas lecturas que no son de la temática básica del blog pero que por uno u otro motivo me parecen interesantes. Hoy te traigo la incursión de Alexis Ravelo (autor de novela negra) en el género fantástico - metaliterario y una pequeña joya de Brigit Vanderbeke, una escritora alemana casi desconocida en España.



La otra vida de Ned Blackbird.


Carlos Ascanio es un profesor universitario que acaba de pasar por una difícil situación personal. Para superar el momento, decide salir de su pueblo natal rumbo a Los Alamos, donde alquila un pequeño apartamento en el que vivió Celia Andrade, una maestra fallecida meses atrás de la que aún quedan algunas pertenencias dentro de unas cajas en una habitación. Pero, ¿qué habrá en ellas? Ah. La curiosidad. ¿Quién puede resistirse? Ascanio no, desde luego. Ese será el detonante de una pequeña exquisitez: La otra vida de Ned Blackbird

Sabes que soy incondicional de Alexis Ravelo; creador infinito de unos personajes con aroma de soledad que bailan con el fracaso, la fatalidad y la derrota a un ritmo deliciosamente encantador. Sabía que ha coqueteado con distintos registros —teatro, juvenil y microrrelato— pero yo solo lo conocía con el género negro. Me conquistó. Y ahora, con esta obra más cercana al género fantástico, se ha consagrado.

Y es que en La otra vida de Ned Blackbird Ravelo encuentra la excusa perfecta para mostrarnos con esa narrativa deliciosa que le caracteriza, qué es vivir bajo un pseudónimo, tener que ocultar la propia identidad. También trata del amor, de las obsesiones, del deseo de trascender mediante la escritura. Y lo hace de manera magistral, borrando la difusa línea que existe entre la realidad y la ficción o entre el delirio y la cordura. Una obra cortita de fácil lectura —con un toque inquietante y conmovedor— regada de alusiones y guiños metaliterarios que gustará a todos los amantes de la buena literatura.




Mejillones para cenar.


La hora de la cena en una familia alemana. Todos esperan al padre pero éste no llega. La preocupación por su ausencia da pie a una reveladora conversación en la que la figura paterna pasa de la errónea apariencia heróica a la realidad más cruda. Esta novelita a la que he llegado gracias a mi librera de cabecera, es una obra poco conocida pero que merece la pena. Mucho. Es una novela de corta extensión pero que encierra un contenido de temática profunda y dura. En sus breves páginas (que me han recordado por su comienzo inocente y posterior descubrimiento de una situación mucho más grave y complicada a La Cena de Herman Koch), la autora hace gala de su destreza para narrar la historia desde un interesante punto de vista como es el monólogo. También su multitud de contrastes (femenino/masculino, acción/reflexión, contención/gastos, sinceridad/apariencias, rebeldía/sumisión y creatividad/racionalidad) hacen de la historia una narración atractiva en la que los mejillones son una metáfora de la vida familiar y la relación de todos los miembros con el padre (el único personaje ausente que, curiosamente es quien articula todo el libro).

Un par de libros que se distancian de la novela negra pero que merecen la pena. ¿Te animas? La cuestión es leer.

7 formulas sobrenaturales para encadenar lecturas

martes, 9 de mayo de 2017



Cuando comento los libros que leo, (que son un montón pero tampoco me parece que sea tan exagerado en comparación con otras bloggeras), la gente me pregunta cómo lo hago.

¿De dónde sacas tiempo?¿Eres un ser sobrenatural? ¿Cómo lo haces?

Me sorprende porque es algo a lo que yo no había prestado demasiada atención. Para mí es algo natural que doy por sentado. Pero (por lo visto)esto no es igual para todos. La lectura en algunos casos es una rutina o habilidad que debe desarrollarse y fortalecerse a través de la práctica aunque al principio, si una no tiene esa costumbre, puede ser frustrante.

Mucho (a la vista de las caritas de consternación del respetable cuando hablamos del tema).

Así que, después de que varias personas se hayan interesado por mis "trucos" para encadenar libros y lecturas creo que puede ser interesante compartir aquí algunas fórmulas que a mí me sirven y otras que no.

1. Mens sana in corpore sano. Al hilo de la cita de Décimo Junio Juvenal que posteriormente popularizó el amigo Pierre de Coubertin, yo también trato de ejercitar el físico en la medida de lo posible. En mi caso, el asunto pasa por subirme a la elíptica casi a diario. Pero eso no quiere decir que ese tiempo sobre la máquina del infierno bicicleta no pueda ser entretenido ni productivo. ¿Verdad? Solo necesitas un atril y un elemento de lectura: libro, e- book, móvil, tablet...A tu gusto. Taitantos minutos de felicidad endorfínica (posterior) asegurados y la lista de libros leídos por fin va disminuyendo. ¿Te apuntas?


2 Poligamia.
Ojo, que no estoy abogando por actividades amorosas de moral distraída. No. Hablamos de lecturas. Hace años tamaña actividad me parecía impensable pero también hace años disponía de mucho más tiempo y por qué no decirlo, de paciencia. Hoy, las cosas han cambiado. Siempre que sean géneros y estilos dispares (una novela negra y un libro de relatos por ejemplo) soy capaz de llevar varias (dos, tres como máximo) lecturas a la vez. Y eso hace que la Infinita (si la tienes) se vaya desinflando.


3. Rutina de lectura .Inexcusable. Este es el quid de la cuestión. Puedo pasar sin tomar un café al día (con esfuerzo) e incluso puedo salir a la calle sin que coordinen los zapatos con el bolso (esto no me cuesta nada, la verdad), pero un día sin leer se me antoja inconcebible. La cosa se complica con los horarios de trabajo y las obligaciones familiares. Más aún si para poder disfrutar de la lectura es absolutamente necesario el silencio (o si hay ruido que sea de fondo). Así que mi rutina de lectura (de lunes a viernes) se reduce a dos espacios diarios. Uno, en el desayuno (es mi momento favorito del día porque disfruto el doble: de café y buena novela en silencio: sencillamente perfecto) y otro mientras como en soledad al mediodía. Y no, no es negociable. Si no acudo a alguna de estas dos citas, a mi día le falta algo.


4. Cuéntame al oído.
Leer no solo es deslizar la vista sobre el papel. Hay otras fórmulas de lectura; los audiolibros por ejemplo. Y no son únicamente una fórmula de lectura, que incluso hay quien lo utiliza para sobrellevar tareas más pesadas y rutinarias. Pero no son válidos para todos los públicos. En concreto, para mi. Lo he intentado en varias ocasiones pero no consigo centrarme. Con esta forma de lectura, pierdo la magia imaginaria. No soy capaz. Lo he probado yendo de paseo, en el autobús, mientras plancho...Pero nada. Necesito un extra de concentración que no logro. Y eso que lo recomiendan y disfrutan personas que tengo en gran estima. Así que te animo a que lo pruebes. Quizá para ti sea una forma ideal de encadenar lecturas. Quién sabe.


5. Participar en retos. Punto controvertido. Los retos me gustan. Durante bastante tiempo he participado y seguido este tipo de desafíos, pero mi experiencia es que entrar en ellos implica dedicarle cierto tiempo y probablemente un tipo específico de lectura. Y yo soy un alma libre, rebelde y negra. Muy de novela negra. Así que a día de hoy sigo algunos de ellos ya que son una fuente inagotable de buenas recomendaciones, pero no participo.


6. Breaking up it´s hard to do
(No he podido evitar el link. Me encanta esta canción) Romper es difícil. Si. Pero es necesario. Y te lo digo yo que antes de dejar una lectura a medias, me trago todos los sapos y culebras del mundo. Pero el tiempo es limitado y la Infinita cada día crece más, así que se imponen medidas drásticas. He cambiado. Y eso me ha hecho leer más y mejor. ¿El libro que estás leyendo no te enamora?¿Te cuesta ponerte a leer porque tu lectura no te apasiona? Dale una última oportunidad; dos páginas más y listo. ¿Ha mejorado? ¿No? Pues a otra cosa, mariposa. 


7. Sin complejos.
¿Por qué debes leer las últimas novedades editoriales a pesar de que sean unos ladrillos infumables? ¿Por qué no probar otras cosas? Si has entrado en una espiral de desánimo o de cansancio, la lectura de libros cortos puede ser una solución para ti. Te permite degustar géneros muy diferentes sin invertir demasiado tiempo en ellos y redescubrir tu pasión por la lectura, por un autor en concreto, o un genero específico y desconocido hasta el momento.



Ah, por supuesto. No tener vida social también ayuda a encadenar lecturas. Pero eso, de momento, ni lo valoro. ;)



Así que cuéntame ¿tienes algún truco para leer a diario?

El hombre de los círculos azules de Fred Vargas

jueves, 4 de mayo de 2017



Me he vuelto a enamorar.

No sé si será cosa de la primavera, pero estoy de un apasionado que me tiene la mar de sorprendida. Hace poco te hablaba de la realidad descarnada que me había cautivado en Las niñas perdidas y hoy, como contrapunto, te traigo una novela negra diferente.

En este caso se trata de El hombre de los círculos azules. Una policiaca algo atípica que es, además, la primera de la saga Adamsberg de Fred Vargas.

Todo en la novela pertenece a un mundo singular. Sus personajes son peculiares y sus diálogos diferentes. Una de las características que la definen es que evita los procedimientos policiales y se centra en el comisario Adamsberg, —un tipo solitario, brusco pero muy eficiente— y sus circunstancias. Una rara avis, esta saga.

El protagonista , como podrás comprobar si te asomas a esta curiosa novela, es portentoso. Sus habilidades casi clarividentes y sus reflexiones (a veces demasiado profundas y densas) podrían haberme distanciado de él, pero sorprendentemente, no ha sido así. Quizá el puntito psicológico de sus razonamientos o ese aroma a Holmes —sin ser tan inductivo - deductivo como aquel— junto con la destreza de Vargas (qué duda cabe), me han mantenido a la expectativa.

Lo realmente curioso del asunto es que Vargas nos mantiene pegados a sus páginas con un argumento tan estrambótico como que en mitad de París van apareciendo —dibujados en tiza azul—, unos círculos perfectos que contienen objetos de lo más variopinto (una regadera, un reloj…)junto con una leyenda constante: “Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?”.

Una charada. Eso piensa la mayor parte de los parisinos, que gastan sus horas en elaborar hipótesis acerca del origen y la motivación del asunto. Todos menos Adamsberg, quien se repliega en su despacho temiendo que suceda lo que ya imagina: que esas inocentes performances son la puerta de entrada a alguna siniestra maniobra.

Y el tiempo le da la razón. Cómo no. No tarda demasiado en aparecer el primer círculo azul conteniendo un cadáver. Entonces se despliega el elenco de personajes que acompañan a tan insólito investigador: una bióloga marina que ordena sus semanas en tramos con especiales características (nunca un lunes fue igual a un jueves, pero en esta mujer, eso se eleva a la enésima potencia), un atractivo ciego con bastante mal humor, una anciana en busca del amor de su vida en las páginas de contactos del periódico y, finalmente, el ayudante y contrapunto del comisario: un inspector alcohólico con cinco hijos a su cargo (de los que uno no es suyo), que suple las escasas habilidades sociales del protagonista.

Con semejante lista de ingredientes exóticos para introducir en el menú, puedes imaginar que el resultado es, cuando menos, sugestivo. Y aunque debo dar la razón a aquellos que opinan que esta no es su mejor novela (ya llevo leídas otras dos), deja entrever esa destreza que ha hecho de Vargas la maestra del género en el país vecino (a pesar de que aquí hay algunas voces de personajes que resultan totalmente inverosímiles como la del camarero que parece que se ha sacado la carrera de Filología en Salamanca por cómo habla).

No voy a intentar convencerte de nada, porque esta forma de escritura tiene tantos seguidores como detractores, así que te recomiendo que lo cates y decidas una vez leído.


Te gustará si:

  • Agradeces una visión diferente del entorno policiaco.
  • Te interesan los personajes que se distancian de los arquetipos de género (Adamsberg no depende de sustancias ilegales ni tiene un dramático pasado que lastra su presente).
  • Te interesan novelas negras en las que la investigación no se centra en los procedimientos científicos habituales.

Es tu turno. ¿Conocías a Fred Vargas?¿Y al comisario Adamsberg? Te espero en los comentarios.

El fenómeno literario del A.V.I.S.P.O.N

martes, 2 de mayo de 2017



Aunque por el título podría parecerlo, no me he vuelto una fan incondicional de la fauna africana en general ni de las avispas en particular. No. Hoy no quiero hablar de animalicos, sino de giros argumentales. De los buenos. De esos que cuando suceden te dejan con la boca abierta y hacen que vuelvas atrás y releas páginas y páginas para darte cuenta de que efectivamente, el autor de la novela, además de escritor es mago. Y te ha engañado. La palabra ha sido más rápida que la vista.


Has caído, amiga. Y tú, encantada.


El momento más seductor de una novela es un buen giro argumental. Ese instante en el que todas tus certezas como lector se van al garete y tienes que reconocer —o venerar según sea el caso— los méritos a la progenitora del autor que estás leyendo.


Y analizando —cómo no, lo mío es casi obsesivo— varios vuelcos argumentales, he llegado a la conclusión como lectora —y como escritora también— de que un buen giro debe ser un A.V.I.S.P.O.N; es decir, cumplir con al menos siete características imprescindibles para picar la curiosidad e interés y ganarse la admiración del lector.



Atractivo: Tiene que ser un asunto jugoso para la trama; algo que impulse tanto la historia como al personaje. Es una apuesta que debe subir la tensión de la historia o resolver una incógnita esencial.



Verosímil: Para que sea efectivo, un giro argumental debe contener un poso alto de credibilidad y verosimilitud. El momento en el que todo cambia debe estar dentro de las leyes de la propia novela (con las características propias del género y la historia que contiene) y correctamente contextualizado. Nada de deus ex machina. Por favor. Eso le quita toda la erótica al momento.



Imprevisible: Este es el más claro e innegociable de los elementos. El lector puede llegar a intuirlo o barajar el giro entre sus múltiples hipótesis, pero no debe tener la certeza desde el inicio. El factor sorpresa es algo que a mí como lectora me atrae porque enriquece con intriga y tensión la trama, la hace mucho más deseable.



Situado: Para que los giros argumentales funcionen debe ser insertados en la trama con cierto orden porque según dónde se coloquen puede encumbrar la historia o dejarla a la altura del barro. ¿Cuántos giros? Depende de los autores. Algunos dicen que lo ideal son dos, otros escritores optan por incluir en su novela los que el cuerpo del lector aguante, aunque otros autores, hablan de un solo giro argumental situado entre la primera y la segunda parte de la novela. Personalmente no me importa tanto la cantidad como la calidad ;) A mi un solo giro impactante me conquista pero muchos giros (por muy bien situados que estén) terminan por agotarme la paciencia.



Presagios: En línea con lo que comentaba anteriormente en el apartado de verosimilitud, ningún vuelco debe introducirse en la novela/narración de manera artificiosa sino que tiene que haber sido gradualmente enterrado en las raíces de la historia para que una vez que haya sucedido, el lector pueda volver hacia atrás y encontrar todas las pistas que presagiaban aquello que iba a suceder. Ni que decir tiene que deben ser indicios que se camuflen en la trama de tal manera que el lector las pase por alto para que en el momento del giro tengan mayor efectividad.



Opuesto: En esta vida todo toma sentido por contraposición. Valoramos la salud cuando esta está en jaque y apreciamos las vacaciones “gracias” al trabajo. De igual modo, un giro argumental no debe de incluirse tras una secuencia con demasiada carga emocional sino tras un pasaje relativamente comprometido para que el vuelco se valore de manera justa.



Natural: Finalmente, un buen giro debe estar lejos de malabarismos literarios. Es el elemento más sensible y que debe ser apto y entendible para cualquier lector con el fin de sorprender y cautivar. Si el autor nos hace mil piruetas y nos habla con florituras, la efectividad del recurso se diluye.



Ejemplos que me han gustado mucho en cuanto a giros argumentales  y que no explicaré aquí porque odio los spoilers han sido los que he encontrado en Te dejé ir , Nos vemos allá arriba y también en Inferno.



Ya ves. Dejar que entre un AVISPON en tu vida y te muerda un poquito no tiene porqué ser sinónimo de un shock anafiláctico.

¿Qué opinas? ¿Sueles encontrarlos en tus lecturas? ¿Es un recurso que agradeces o que te cansa?