Llevaba bastante tiempo detrás de leer algo de este autor. En realidad, en mi “infinita” se encontraba “Las ciegas hormigas” en primer lugar, pero ya se sabe, una pone y el azar dispone. Así que cuando descubrí que Ramiro Pinilla también había escrito una novela negra, hice mis cuentas con el reto “negra y criminal 2014” y lo tuve claro.
Y debo decir que ha sido un gustazo leerlo. En este libro, se da una vuelta de tuerca más al trillado género negro, porque no se enfoca desde la perspectiva habitual —la resolución de un crimen—, sino que se encauza desde la búsqueda de un autor sin imaginación que se sirve de un antiguo crimen sin resolver para buscar la fórmula exitosa de escribir sus novelas.
Así, el caso de los timadores hermanos Altube , se convierte para Sancho —dueño de una librería y admirador de novelas negras— en la excusa perfecta para bucear en la realidad y desarrollar su potencial de escritor. Por eso, se desdoblará y se convertirá en el audaz investigador Samuel Esparta, confirmando así que la única manera de que sus narraciones tengan valor y resulten interesantes (y publicables por las editoriales) es asentando sus raíces en la realidad.
Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) es un escritor peculiar. Después de sus éxitos con Las ciegas hormigas ( Premio Nadal y de la Crítica; Tusquets Editores, 2010) y Seno (finalista del Planeta 1971), decidió mantenerse al margen de las grandes editoriales y desde entonces ha publicado en contadas ocasiones. Cuenta en su haber con la alabada trilogía Verdes valles, colinas rojas –Premios Euskadi, Nacional de la Crítica y Nacional de Narrativa–, La higuera , Antonio B. el Ruso, ciudadano de tercera y Aquella edad inolvidable , y Los cuentos (2011). Sólo un muerto más es el comienzo de su serie policiaca, protagonizada por Sancho Bordaberri, a la que ha seguido la segunda entreta cuyo título es El cementerio vacío y que ha sido recibida con expectación por parte tanto del público como de la crítica.
No obstante, la idea de erigirse él mismo como protagonista de su obra para novelar la realidad de primera mano, no será tan sencilla como Sancho cree en un principio sino que le traerá multitud de complicaciones. En parte porque aunque su objetivo no es otro que poder escribir su libro, remueve hechos dolorosos para el pueblo y rescata antiguas inquinas y asuntos políticos que acarrean bastantes problemas, ya que el autor ambienta su trama en Getxo en plena posguerra.
Me ha parecido especialmente interesante que la novela lleve dos hilos argumentales paralelos; la resolución del caso por una parte, y la narración correspondiente que habla del oficio de escribir; algo en lo que se escucha la voz (creo que quizás un poco amarga) de Ramiro Pinilla. Para ello se vale tanto de Sancho Bordaberri como de su antagonista, un miembro de la Falange bastante habituado al uso de la violencia que, al igual que él quiere ser escritor. La diferencia entre ambos da lugar a diálogos y situaciones realmente atrayentes en las que, cada uno desde su zona del cuadrilátero —uno desde la narrativa y otro desde la poesía, uno desde la sencillez y otro desde el artificio, uno civil y el otro político—se enfrentan para escribir una obra de calidad a la par que tratan de descubrir al asesino.
Destacaría el papel Koldobike, —su dependienta, su mano amiga, su conciencia en muchas ocasiones—, una mujer de carácter (no os podéis perder sus agudos diálogos) que cede ante la nueva empresa que se trae entre manos su jefe, y se aviene a participar en la “realidad novelada” que éste ha creado caracterizándose como las secretarias de los detectives favoritos de Bordaberri.
La única pega que le pondría es que el final a pesar de ser relativamente sorpresivo —como corresponde al género—quizás resulta un poco forzado en comparación con el resto de la novela, que fluye natural, sin recursos extraños o artificiales.
Una novela que os recomiendo por muchos motivos: es amena, interesante, tiene buen ritmo, de lectura y comprensión sencilla, y con un componente de metaliteratura que la hacen aún si cabe más atractiva.
¿Conocíais al autor?¿Qué me decis, os animáis?
Feliz día.












