Herta Müller describe, desde la perspectiva de una niña,
la brutalidad de una supuestamente idílica aldea durante la dictadura de
Ceaucescu.
Con imágenes críticas y escenas surrealistas, se compone de
historias de represión permanente y de incomunicación, que empiezan en las
relaciones familiares y continúan en las de los individuos con el Estado
Esta ha sido mi elección para el Reto Escritoras Únicas, y pese a algunas pequeñas dificultades al comienzo de la lectura, reconozco que lo he disfrutado muchísimo. Y es que la prosa de Herta no es corriente, aunque tampoco inaccesible. Es suya, propia, peculiar, poética como pocas y en este volumen de relatos, totalmente arraigada a su tierra.
Herta Müller (Rumanía, 1953) es una novelista, poetisa y ensayista suaba. En su vida ha conocido tanto el entorno rural del Banato Rumano como el ambiente urbano, donde con sus escasos veintitrés años y a raíz de sus compromisos políticos sufrió las presiones de la Securite (policía secreta del régimen comunista rumano). Escritora concienciada, defendió el manifiesto que firmó el grupo de autores al que pertenecía (Grupo de Acción del Banato), que instaba al lector a ser políticamente comprometido. Su prosa, que gira en torno a las condiciones de vida en la Rumanía de Ceaucescu, ha sido calificada como poética y alabada por crítica y público. En 2009 obtuvo el Premio Nobel de Literatura.
“Desde los campos, el pueblo parece un rebaño de casas paciendo entre colinas cuyos plantíos solo son reconocibles por los colores”
Se hace imprescindible acceder a la lectura de este libro con la mente abierta, aceptando las reglas que marca la escritora para entender sus palabras y el mundo que nos muestra; cercano al surrealismo en ocasiones o prendido de realismo mágico en otros. En cualquier caso, sorprendente y onírico, lleno de metáforas e imágenes deliciosas pese a la crudeza de la temática que la hace mostrarse en la mayor parte de los relatos tan natural como descarnada.
“Mis rodillas se alejan nadando una de la otra, se alejan hasta una distancia igual al largo de mis piernas. Mi vientre habla, las sienes me oprimen los ojos. El puente es hueco y gime, y el eco me cae en la boca.”
Sus frases cortas y descriptivas llegan y embriagan tus sentidos de tal forma que casi sin darte cuenta, posteriormente, te encuentras en brazos de una complaciente resaca llena de detalles expresivos y plásticos. Sugerente, evocadora y también cruda pero deliciosa. Así es la visión de la niña que es el denominador común, el nexo que conecta estos quince relatos y que como un alter ego de Herta, crece rodeada del silencio y los tabúes de sus mayores, y trata de entender la realidad desde sus inocentes ojos.
¿Qué más os puedo decir de los relatos? Que realmente no puedo decidirme a elegir solo uno porque cada narración tiene algo que la hace especial, que lo identifica y define.
Quizás no seáis lectores de relatos, pero tenéis también la opción de leer a Herta en alguna de sus novelas. Vamos, que no hay excusas. Eso sí, tened paciencia a sus primeras palabras, tratad de acercaros sin ideas preconcebidas y dejad que su prosa os hable. Os va a sorprender.
¿Conocéis a Herta?
Feliz día.

