El Orfanato de Heskinn de Javier Berzosa

jueves, 20 de febrero de 2014






 El joven sueco Isak Berg, se ve obligado a ingresar en el Orfanato Heskinn tras la dolorosa pérdida de sus padres a manos de dos individuos. Solitario, tras los valles de la isla sueca de Gotland (Visby), se encuentra el peculiar edificio, construido en el siglo XVIII por altos nobles de la isla. Cuando llega al deteriorado y escalofriante lugar, comienzan a suceder hechos macabros que parecen tener una conexión entre ellos. Descubrirá secretos del pasado de los trabajadores y compañeros que parecen querer esconder algo más de lo que muestran. Pero su inseguridad aumentará cuando conozca la leyenda de un chico llamado Börje Persson, que pareció haber asesinado a dos menores en algún momento de su vida, y la extraña presencia de notas en el lavabo, escritas a mano incoherentemente. ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para sobrevivir?




Hace unas semanas, recibí un correo de Javier Berzosa, el autor de “El orfanato de Heskinn” invitándome a leer y reseñar su libro. Dado que me gusta dar cabida a autores noveles siempre que sus obras me puedan resultar interesantes, investigué un poquito y, al descubrir que se trataba de un thriller, no me lo pensé dos veces.



Javier Berzosa (Málaga 1985).
Dibuja comics, escribe poemas y guiones. Publica en diferentes blogs, páginas de videojuegos, y temas sociales para http://www.tortasderealidad.com y otras. Apasionado de la Ciencia Ficción, “Siglo XXIII. Rumbo a una nueva vida” y "Siglo XXIII. Paradigma" son sus primeras novelas (Amarante,2013). Con "El orfanato de Heskinn" hace una incursión en la novela de misterio y suspense.Secretos perdidos y Viven en la oscuridad, serán sus próximas obras publicadas.



La novela que hoy os traigo es breve pero muy intensa. Se trata de una narración sencilla, con un lenguaje muy natural, cuyo punto fuerte es la intriga y el suspense, ardides que el autor maneja con bastante soltura a pesar de ser esta tan sólo su tercera novela y alejarse del género que identificaba las dos anteriores, la ciencia ficción.



Aunque en mi opinión hay cosas que debieran pulirse un poquito como la elaboración de algunas frases o párrafos y algún detalle puntual de concordancias (que probablemente sea más trabajo editorial que del propio escritor), tiene un argumento interesante y un desenlace inesperado a la par que original.



Narrada en tercera persona, la historia se enmarca en Suecia y recrea un ambiente opresivo y siniestro que rápidamente cala en el ánimo del lector. Incluso diría que los fenómenos meteorológicos —la continua lluvia, los relámpagos y truenos—, podrían formar parte del elenco de personajes, ya que nos traslada de manera indirecta las sensaciones aterradoras que el orfanato encierra.




Los protagonistas de la novela, son bastante curiosos ya que están caracterizados según sus peculiaridades. Parece ser que el autor (con muy buen juicio, por otra parte), ha decidido enmarcar a cada uno de ellos desde la exageración de algunos de sus rasgos característicos, dando así una imagen de cada uno de ellos que aunque se distancia de la realidad, resulta identificable y juega a favor de la trama. De esa manera, conoceremos a Isak— el jovencísimo y astuto protagonista a pesar de contar tan sólo con catorce años—, Viktor —su convenientemente amnésico compañero de cuarto—, o al Sr. Heskinn —hombre siniestro sobre quien circulan varias leyendas— y un variado conjunto de secundarios también bastante particulares.



La obra, salpicada de diálogos fluídos y naturales, está escrita de forma muy visual (creo que podría tener una adaptación multimedia bastante interesante), y pese a que a lo largo de la historia parece que surgen algunas incoherencias, el desenlace de la obra despeja las dudas que han surgido a lo largo de la lectura por lo que si os gusta la intriga y os apetece un libro ágil y entretenido os lo recomiendo.



¿Qué os parece, os animáis?
Feliz día.

Microfilias: Confitura de fresas.

martes, 18 de febrero de 2014


Odio la mermelada. Sobre todo la de fresas. Nadie comprende por qué rechazo la tarta de queso, evito los crepes con confitura o declino el postre si este se contiene la famosa Sacher. Y sin embargo, todo tiene su explicación.
Desapareciste de la misma forma que habías llegado, áspera y abrupta. Y me quedé sólo, sin saber qué hacer con tu recuerdo. Lo arrinconé en la despensa, en la estantería de los tarros de las conservas, junto a las compotas

 
Allí lo encontré meses después, dentro de un frasco de confitura, empapado en el sirope dulce de la mermelada de fresas. Me sonreía desde su altura Lilliputiense y sin embargo, lejos de encontrarme feliz y satisfecho, yo me sentía un Gulliver torpe y rudo junto a tu copia endulzada. Como un elefante en una cacharrería o un gorila enamorado de un alma desnuda y delicada.

 
Pasé horas bajo la lluvia y escaldé mi piel con baños ardientes para menguar. Compré tu amor con golosinas y bombones. Todo para no perderte de nuevo. Pero una vez más desapareciste dejando sobre el suelo las huellas pegajosas del sirope de fresa en que te había reencontrado y un familiar vacío en mi pecho.



Mi aportación a los Viernes Creativos de Fernando.

Proyecto de Febrero Filias: "Proyecto Amoroso"

lunes, 17 de febrero de 2014




Este mes, Isi nos propone un proyecto amoroso que consiste en escribir una o más entradas dedicadas al amor en o por los libros. Ya sabéis que a mí el asunto romanticón no me va demasiado, así que le voy a dar una vuelta de tuerca al asunto y os hablaré del amor por los libros contraponiendo la visión tradicional con la digital.

Desde mi punto de vista, he tenido siempre muy claro que donde se encuentre un libro tradicional —con su portada ilustrada, sus tapas recias, sus páginas con olor a tinta...— que se quite todo lo demás. También soy una defensora a ultranza de las bibliotecas tradicionales; el recogimiento de sus salas y el trato personal con la bibliotecaria son, en mi opinión, cualidades  imprescindibles que las tecnologías (afortunadamente) aún están lejos de alcanzar.

Sin embargo, reconozco que he tenido que modificar algo de todo lo que defendía a conciencia, porque desde que me regalaron allá por el 2012 el e-book, mi mundo lector ha cambiado. Es un artilugio manejable, hay una oferta de lecturas fantástica, lleva incorporado el diccionario (en varios idiomas), no pesa, tiene gran capacidad, y no cansa la vista. Vamos, un montón de puntos a su favor. No obstante, sigo creyendo que el libro en formato tradicional tiene un encanto especial, y por eso, valoro positivamente el e-book, porque me ha permitido dos cosas: tener las estanterías menos llenas y con lecturas más depuradas. Ahora procuro comprar únicamente los ejemplares que realmente me parece que merecen la pena (cosa que mi pequeño hogar agradece), y que generalmente no son demasiados.


En cuanto al formato digital de las bibliotecas, como os decía nunca va a poder compararse con el trato personal y personalizado de nuestr@s bibliotecari@s, pero sí que hay una gran oferta para organizar nuestras lecturas. Incluso hay algunas que incluyen las llamadas “tecnologías emocionales” para ofrecernos las lecturas que según nuestros hábitos y elecciones pueden interesarnos. Supongo que ya todo el mundo conoce Anobii o Goodreads, pero en estas últimas semanas he conocido otras dos aplicaciones que desconocía: Booksilove y Readmill

La primera de ellas se diferencia con las demás en la información del libro a la que es posible acceder. La búsqueda de determinado libro se puede realizar desde los parámetros habituales (título, editorial, etc) o bien por el nombre de sus personajes, diálogos, o incluso por las emociones que ha transmitido su lectura en otros usuarios.

En segundo lugar, Readmill, un club de lectores online nos facilita la lectura de extractos del libro y nos indican dónde adquirirlo. Incluso tienen la posibilidad de acceder a algunos libros de forma gratuita. 

Pero todo esto que os muestro, queda en la época del Pleistoceno a raíz del último invento del MIT; el Sensory Fiction. Un libro que va conectado a un chaleco que lleva varios sensores, y que nos permitirá según sus creadores “experimentar las emociones físicas del protagonista”.

Mediante luces led, sonidos, dispositivos para subir la temperatura, sensores de vibración para transmitir la cadencia de los latidos del corazón y un sistema de compresión en el chaleco, podremos vivir las sensaciones de los personajes de nuestras lecturas.

Y la polémica, para mi, está servida. No dudo que sea el amor por los libros lo que ha movido a estos innovadores creadores a construir este aparato, pero... ¿porqué tienen que decirme cómo debo vivir una historia? Lo bonito de la literatura es que cada cual interprete las mismas palabras según su bagaje personal, y por eso de un solo libro podemos recibir tantas interpretaciones como lectores haya tenido.

Eso es lo creativo, lo interesante, lo maravilloso de la literatura, ¿no creéis?. Admiro a los creadores de este artilugio, y les agradezco su aportación, pero pienso que la magia de un buen libro está en la mente de cada uno, los matices de la historia son interpretaciones personales y a mi humilde entender, creo que así deberían seguir.

¿Y a vosotr@s, que opinión os merecen los libros y bibliotecas digitales? ¿Qué pensáis del último invento del MIT? 
Feliz día!

Feliz San Valentin.

viernes, 14 de febrero de 2014


“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”. Antoine de Saint-Exupery 

Feliz día.

Microfilias: Caníbal









Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola que ahora ella miraba cautelosa, pues resultaba muy sospechoso que hubiese germinado en el lugar exacto de la improvisada sepultura.
Sin embargo, a pesar de su desconfianza inicial, la melodía seductora que surgía del interior del instrumento la embelesó de tal modo que ignoró tanto el peligro como el palpitar de las dentelladas que él había dejado impresas en su piel. Sometida por la música, se acercó a la superficie lacada del piano sin advertir las fauces de madera que la engulleron mientras una siniestra vibración recorría sus teclas.
 Él, satisfecho, dejó caer la tapa. Finalmente había logrado hacerla suya.



Participación para esta semana en REC

Y Usted Lector@, ¿Qué Opina?: El uso del diccionario.

jueves, 13 de febrero de 2014






Hace poco, hablando del libro de Jesús Carrasco, “Intemperie”, unos cuantos amigos comentábamos lo interesante o desagradable que puede llegar a resultar el tener que consultar un diccionario mientras se está leyendo una novela.

A mí personalmente, no sólo no me importa, sino que me gusta. Me atrae la idea de aprender nuevas palabras y qué mejor manera de ver su uso que en el propio fluir de un libro, ¿no? Además, ahora con el invento de los e-books, en los que el diccionario está a golpe de tecla, es mucho más ameno y más rápido.
Reconozco, sin embargo, que cuando las consultas al diccionario son repetidas y hacen que pierda el hilo, ya no me hace tanta gracia (algo así me pasó con “Intemperie”, como os dije). Pero siempre podemos llegar a un pacto con la novela


Y a vosotr@s, ¿qué os parece? ¿Os gusta descubrir nuevas palabras en una novela u os disgusta tener que acudir al diccionario?