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Microfilias: Un momento fugaz.

lunes, 17 de marzo de 2014



Le gustaba imaginar. Pasaba horas muertas haciéndolo. Fantaseaba con un mundo lleno de color y de luz donde el pentagrama de sus canciones se elevara en espiral hacia el cielo; soñaba una casa colmada de alegría, diáfana y alegre, con su colada en el jardín. Imaginaba también un futuro lleno de emociones, repleto de viajes en un velero blanco de papel que se mecería suave al compás de la brisa surcando el lecho de hojas amarillas sobre el que navegaba…Tan ensimismada estaba que pasó la tarde ignorante de que la escena soñada se había convertido en realidad por unas horas justo a su espalda. No percibió el aroma a ropa limpia que inundaba el aire ni el sonido del agua del río sobre el que flotaba un precioso barco blanco de papel; pasó los minutos con los ojos cerrados, acariciando la dulce melodía de su flauta travesera.





Mi aportación semanal a  El Viernes Creativo. La fotografía es de Jee Young Lee

Microfilias: Ave Fénix

lunes, 10 de marzo de 2014




Te vas. Pero no quiero despedirme. Prefiero creerte como el ave fénix y pensar que renacerás de tus cenizas. Entonces te estaré esperando.Te esperaremos todos detrás de las flores, entre las líneas de nuestros nombres, en el canto orgulloso del pavo real del parque. .. Te vas. Y no quiero despedirme. Nos encontraremos de nuevo; justo donde nos dejas, tras las plumas del fénix, siguiendo el “ejército de luz” de tu brillante estela.


Aportación al Viernes Creativo de esta semana según la propuesta de escribir una historia para Lilac Wine, un video de Yevtam

Microfilias: Confitura de fresas.

martes, 18 de febrero de 2014


Odio la mermelada. Sobre todo la de fresas. Nadie comprende por qué rechazo la tarta de queso, evito los crepes con confitura o declino el postre si este se contiene la famosa Sacher. Y sin embargo, todo tiene su explicación.
Desapareciste de la misma forma que habías llegado, áspera y abrupta. Y me quedé sólo, sin saber qué hacer con tu recuerdo. Lo arrinconé en la despensa, en la estantería de los tarros de las conservas, junto a las compotas

 
Allí lo encontré meses después, dentro de un frasco de confitura, empapado en el sirope dulce de la mermelada de fresas. Me sonreía desde su altura Lilliputiense y sin embargo, lejos de encontrarme feliz y satisfecho, yo me sentía un Gulliver torpe y rudo junto a tu copia endulzada. Como un elefante en una cacharrería o un gorila enamorado de un alma desnuda y delicada.

 
Pasé horas bajo la lluvia y escaldé mi piel con baños ardientes para menguar. Compré tu amor con golosinas y bombones. Todo para no perderte de nuevo. Pero una vez más desapareciste dejando sobre el suelo las huellas pegajosas del sirope de fresa en que te había reencontrado y un familiar vacío en mi pecho.



Mi aportación a los Viernes Creativos de Fernando.

Microfilias: Cuestión de fe.

martes, 28 de enero de 2014





«No dudéis, hijos míos», repetía el padre Curiel con determinación desde su púlpito dorado. «El Infierno y el Paraíso existen, y nos esperan. La morada final depende únicamente de cada cual. No temáis. Nuestra fe nos salvará», afirmaba con una convicción que, según mostraban sus ojos, estaba muy lejos de sentir.

Obvió —intencionadamente o no, quién sabe— este tercer lugar al que, curiosamente, ambos hemos llegado. Un páramo gélido, a caballo entre lo demoníaco y lo divino, donde, a pesar de compartir un mínimo espacio con una colección infinita de almas, el silencio hostil es el único habitante censado.


 Mi aportación para la propuesta semanal de Viernes Creativos.
Vídeo: http://www.dvein.com/

Microfilias: Ley de Leyes

martes, 21 de enero de 2014




Debió darse cuenta de que aquel no iba a ser un día cualquiera. Probablemente lo hubiera descubierto rápidamente de haberse parado un poco a fijarse en lo que los indicios parecían indicarle. Sin embargo, estaba tan inmerso en su propia felicidad, que se escudó en una especie de placidez  que casaba mucho mejor con el día que quería tener.
Porque después de tantos años vacíos al servicio de la ley redactando en su despacho gris cientos y cientos de decretos, bandos y disposiciones, y de algunos intentos fallidos para acabar con su soledad, parecía que la fortuna finamente le había sonreído. Y la suerte tenía un nombre; Marie.

Aquel día plomizo era su primer aniversario, y por eso estaba exultante. Aunque la temperatura distase mucho de ser la ideal y en el cielo los oscuros nubarrones presagiaran una indudable tormenta.
Él, ajeno a todo, se había vestido con su mejor sonrisa y presa de un optimismo extraordinario no había cedido al desánimo en ningún momento a pesar de que nada parecía salir como debiera. Y es que el buqué de rosas rojas que pretendía regalarle a Marie se transformó, por culpa de la huelga de transportes, en un arreglado pero no demasiado convincente ramo de los ocho últimos tulipanes que quedaban en el jarrón de la floristería.  Además al pasar por caja, bloqueó la tarjeta de crédito marcando por tercera vez el pin incorrecto. A punto estuvo de perder su confianza, pero afortunadamente encontró en sus bolsillos la cantidad necesaria para poder llevarse las flores.

Cuando ella apareció a la hora convenida, él la esperaba con el ramo a la espalda y la emoción prendida al pecho.  Al asomarse a aquellos ojos azules que comenzaban a lagrimear, sintió la certeza de que ambos estaban hechos el uno para el otro.
Pero todo cambió cuando ella recibió los tulipanes. Marie, aterrada, huyó de su lado sin una palabra, entre millones de estornudos que sacudían su cuerpo dejándolo en la incómoda compañía de una voluta de humo que ella había dejado en su huída. 

Irremediablemente,  las gotas de lluvia que resbalaban por sus manos desnudas y anegaban la calzada fueron las destinatarias de la tarjeta y su mensaje:

“Feliz aniversario, Marie.
Te quiero
Murphy”.

Fotografía de Caras Ionut 
Microrrelato para Viernes Creativo

Microfilias: La última noche del año

jueves, 2 de enero de 2014



—Te falta valor—dijo ella clavándome sus provocadoras pupilas.
— Acepto— contesté taurino citado por el perfecto contorno que ceñía su vestido rojo.


Apoyé el codo en la mesita de cristal y agitando los dedos sonreí nervioso. Nunca me había medido en un pulso con una mujer, pero «¡Qué demonios!», pensé; «un reto es un envite, una provocación, un duelo que no tiene porqué desarrollarse entre iguales». Sin embargo, ella me sorprendió nuevamente.
—Yo pongo las reglas— y tras un segundo teatral continuó— . Será un pulso diferente. Tu lengua contra la mía. Y pierde quien se rinda primero.


Increíble. Finalizar el año entre los labios de una mujer como aquella era un sueño. «¡Qué suerte la mía!» celebré mientras asentía. Ella se acercó felina y tomando mi rostro entre sus manos dio comienzo al pulso.

Repasó con la punta de su lengua el cuadrilátero dentado en que se había convertido nuestro duelo. Libaba, lamía y succionaba “a tempo”: adagio, moderato, allegro… Las sienes me palpitaban al ritmo ardiente de mi cuerpo mientras un incómodo cosquilleo ascendía tras mis rodillas.

Desperté horas más tarde en el cubículo de los aseos del local, con una aguda resaca como única compañía para descubrir que, junto con la consciencia, había perdido el alma abultada de mi cartera.

Microrrelato para  Viernes Creativos.